miércoles, 1 de agosto de 2012

Un día de playa diferente: Islas Cíes

Nuestra semana en Galicia nos ha dejado momentos mágicos. Y uno, sin duda alguna, fue el día de playa en las maravillosas Islas Cíes (Islas Píes como me acaba de decir mi Princesa). Nos tuvimos que levantar temprano (8 am) porque nuestros guías de excepción (Mónica y el Tío Juan ) nos pasaban a buscar a las 9. Los niños estaban emocionados y aún no sabían todo lo que les esperaba. 
Llegamos a la zona franca de Vigo y aparcamos en el parking del centro comercial A Laxe. Así nos despreocupamos del coche todo el día. Recogimos los billetes que Mónica previamente había gestionado en Piratas de Nabia (18, 5 € los adultos y 6 los niños de 3 a 12) y a las 11 partíamos a lo que habíamos llamado nuestra Isla Pirata. Nos habían comentado que era posible que viéramos defines, así que optamos por ponernos en la parte de arriba. Pero no vimos nada y pasamos un poco de frío. Los niños acabaron envueltos en las toallas.
Llegamos a las Islas y lo primero que vimos fue la playa de Rodas, considerada una de las 10 mejores del mundo, y con buen criterio. El tío Juan nos aconsejó plantar el campamento en una calita aledaña que, al ser más recogida, permite vigilar mejor a los niños. Y allí que fuimos. Los niños desde que llegaron estaban alucinados por tener tan cerca a las gaviotas.
La mañana transcurrió entre cremas protectoras, risas, arena blanca impoluta, agua cristalina pero helada y satisfacción por estar en un paraíso y ver disfrutar a los enanos. Se fueron de expedición con el tío Juan, saltaron las olas que provocaban los barcos que iban llegando a las islas, cogieron conchas de diferentes tamaños y formas... Las conchas fueron puro entretenimiento porque todos estábamos muy convencidos de que son de las islas y no podíamos llevarnos ninguna.
Y llegó la hora de comer e hicimos el despliegue de medios en un pinar al lado de la cala. Optamos por un picnic casero: empanada, ensalada de patatas, filetes empanados y muffins de chocolate

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Y llegó la sorpresa para los peques: convertimos el día playero en un día pirata. Y disfrutaron. Vaya que disfrutaron.

Después tocó siesta, más baños, más risas, interminables paseos por la Playa de Rodas. Y ya a las 19.30 recogimos el campamento y volvimos a tierra firme con un recuerdo inolvidable. Y después de toda esta batatilla vacacional solo me queda recomendar a todo el que vaya a las Rías Bajas, que no deje de visitar este paraíso natural.


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