viernes, 3 de febrero de 2012

Inteligencia vs mediocridad

La vida te da la oportunidad de conocer a personas que, verdaderamente merecen la pena. Es el caso de mi compañera Marta y su marido Miki. Son una pareja de guapos, por fuera y por dentro. Marta, a pesar de los difíciles tiempos que nos están tocando vivir, trata de tomarse la vida con humor y sobre todo con optimismo. El culpable de esta actitud, en gran parte, es su marido. Miki es una persona con una perspectiva de vida muy interesante y con las ideas muy claras. Y después de este rollo, que tenía ganas de soltarlo,  vamos al grano. El otro día, hablando con Marta de la gente tan inútil con la que a veces te encuentras, me envió un texto de Luis del Val (escritor y periodista) que plasmaba lo que Miki siempre había pensado y con lo que yo no puedo estar más de acuerdo. Hoy quiero compartirlo con vosotros:

El grave problema que tiene España no radica en su déficit presupuestario, ni en balance de sus entidades bancarias, yo diría que ni siquiera en el paro que, de aquí a un año, es posible que comience a disminuir de manera sensible. El inconveniente más terrible es una invasión de mediocres que se ha instalado en los sindicatos, en los partidos políticos, en las empresas privadas y en la Administración.

Así, al pronto, parecen inofensivos, porque, claro, como son mediocres, no ocupan altos cargos de responsabilidad, pero están agazapados, repartidos entre los fundamentales mandos intermedios, y, desde allí, se dedican a torpedear proyectos, neutralizar el ascenso de personas más capaces que ellos, resistir pasivamente a cualquier innovación, y emplear todas sus fuerzas en que no cambie su propio estatus, que, como consecuencia, significa que no cambie nada.

El mediocre no es tonto, porque el tonto no se entera de nada. El mediocre tiene la suficiente inteligencia como para distinguir que existen personas mucho más capaces que él, y que le pueden birlar el injusto puesto en que se encuentra, y que está muy por encima de sus méritos.

El mediocre es adulador con el superior, servil con los jefes y cruel con los inferiores, pero de una crueldad envuelta en buenas maneras para que parezca que las trampas que él pone parezcan cosa del destino.

El mediocre, mejor dicho, la invasión de mediocres que sufrimos en este país, retrasa el crecimiento, paraliza los avances, pudre las soluciones, impacienta a los perspicaces y fatiga a todo el mundo.

Si queremos que España salga adelante hay que imponer una cacería del mediocre. O acabamos con ellos o lograrán que nos hundamos todos en la inmensa mediocridad, donde en la vulgaridad y la insignificancia generalizada, se mueven como peces en el agua


FELIZ Y HELADOR JUEVES

Publicado el jueves 2 de febrero

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