sábado, 27 de junio de 2015

Cuando el cuerpo dice basta

No soporto estar mala. No porque no me sepan o puedan cuidar, porque tengo al mejor enfermero que pudiera imaginar. No porque sea una llorica o me aterrorice la enfermedad. En ese sentido soy bastante dura. Pero tengo el absurdo convencimiento de que mi obligación es el de estar sana y me cabrea mucho no estarlo. Quizá por eso no suelo enfermarme y cuando lo hago, muy mala tengo que estar para meterme en la cama. Los diferentes jefes que he tenido en mi vida podrán recriminarme muchas cosas, pero desde luego por el absentismo no tendrán queja. 
Pero el viernes el cuerpo dijo basta y me tumbó. Hasta hoy,  junio ha sido un mes intenso con muchas emociones y novedades. Un mes de celebraciones, fin de curso, Princesa en casa, nuevo ritmo de vida...  Pero yo he intentado esta a la altura en todas las circunstancias. Hasta el viernes.
Y es curioso porque el mismo jueves por la noche una amiga me animó a pensar más en mi, en ser más egoísta y no superponer a los míos por encima de todo. Y entonces enfermé. 
Un día agotador en el que traté de cumplir con mis obligaciones hasta que a las 12 de la mañana no pude más: vómitos, mareos, malestar y agotamiento. 
Y en cuanto decidí claudicar y dejar al Santo al mando, todo mejoró. Me pasé el día dormitando en el sofá. Esta noche he dormido 9 horas seguidas y ya estoy como nueva.
La Princesa está en casa de los abuelos y tengo al Santo para atenderme, cuidarme y mimarme. Ya estoy bien. He recargado las pilas y estoy preparada para seguir tirando del carro una temporada más.

¡¡FELIZ SÁBADO!!!



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