lunes, 6 de octubre de 2014

Llevo unos meses afrontándome a cosas que a veces me sobrepasan. Quizá sea mi empeño en querer ser una superwoman. Y sé que no lo soy y no lo seré nunca, ni tampoco lo quiero. Pero ese afán de querer llegar a todo, de complacer a todo el mundo y de querer controlar todos los charcos en los que me meto, hace que de vez en cuando estalle. Mi problema radica en que no se decir que no. Todo me viene bien, me adapto si no lo es lo mejor, lo sobrellevo si me molesta... y todo porque nunca digo que no. ¿Te importa si te cambio esta reunión a las 4? No (ya irá el Santo a por la Princesa), ¿te importa si cambiamos la cita? No (aunque había removido Roma con Santiago para tener un hueco libre). Mamá, vamos al parque aunque sean cinco minutos (vale, aunque mis planes sean otros) Nada me importa, aunque en el fondo si lo haga. Y entonces el compartimento de los "no" frustrados se va llenando poco a poco hasta que rebosa. Y entonces ya es demasiado tarde porque exploto. Y los que menos tienen la culpa (por lo general el Santo y la Princesa) pagan los platos rotos. Y aquí la única culpable soy yo y mi falta de asertividad.
Hace una semana el compartimento se llenó y grité a la Princesa como nunca lo había hecho en sus seis  años de vida. Fue una reacción desmedida de adulto a un comportamiento normal de niña. No había por donde explicar mi acción. Simplemente se me fue de las manos. Fue un grito, simplemente un grito, que a mi se me clavó en el alma y me lleva doliendo toda la semana. A ella, quizá, se le haya olvidado, pero a mi no. Porque ella es una niña y yo soy adulta. Y sé que lo que hice no está bien porque fue consecuencia del estrés y del cansancio. Así que como siempre veo el vaso medio lleno, ese grito absurdo y lleno de culpa me ha servido para darme cuenta de que ni soy ni seré superwoman, que educadamente se puede decir que no y que si no llego a todo no pasa nada y si pasa, se le saluda. Así que esta semana pasada, en la que el trabajo me ha tenido absorbida al 100%,  he preferido dormir un poco más antes que escribir el blog, he cancelado dos citas porque para llegar tendría que haber hecho malabares y he pasado más tiempo con mi familia que en definitiva es la que me vacía el compartimento de los no frustados.

¡¡¡FELIZ LUNES!!!

2 comentarios:

  1. Fantástica reflexion como siempre. Yo estoy trabajando esa parte y la verdad es que me siento mejor. Decir no es bueno, no pasa nada y a veces los demás lo agradecen.

    ResponderEliminar
  2. yo llego a final de semana, pero solo te puedo decir "amén"

    ResponderEliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...