miércoles, 22 de octubre de 2014

Deliciosas casualidades


Me hago mayor. Y no solo lo dicen mis canas, mis arrugas o mis ojeras. Lo hace, y a gritos, mi manera de comportarme ante la vida. Y para ejemplo mi reacción de este fin de semana cuando sin esperarlo me encontré al gran Antonio López. Siempre me ha gustado su pintura pero me fascinó descubrir todas sus facetas gracias a una exposición del Museo Thyssen.
Este viernes coincidí con él en el colegio donde la Princesa va a natación y al verle de lejos pensé que mi mala vista (otro signo inequívoco de la edad) me la estaba jugando. Pero según se acercaba se me iba acelerando el corazón. El pequeño hombre, pero inmenso artista, vestido con un sencillo jersey granate, atento a todo lo que le iban contando, estaba ante mi. Una parte de la historia del arte de este país, que pasará sin duda a la posteridad, estaba a menos de 10 metros de mis narices. Y solo quise contemplarle, disfrutar del momento y no perder ni un solo detalle de esa deliciosa casualidad de un viernes cualquiera por la tarde. Así que no me hice una foto con él, porque de haberlo hecho hubiera perdido la gratificante sensación de estar ante un mito vivo del siglo XX.

¡¡FELIZ MIÉRCOLES!!

2 comentarios:

  1. Me encanta leer tus historias, nunca dejes de escribirlas.

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    1. Comentarios como éste hacen que escribir Corriendo sin Zapatillas merezca la pena y nunca lo deje. Gracias por tu tiempo y tus palabras.

      Un abrazo,

      Rocío

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