miércoles, 27 de agosto de 2014

La avaricia hiELA el cubo

Flaco favor le ha hecho el periódico El Mundo a la campaña #IceBucketChallenge por el siguiente titular "España: mucho cubo de agua fría y poco dinero contra la ELA". Efectivamente, las cosas son así, frente a los 53 millones de euros recaudados en EEUU, en España no se ha llegado ni siquiera a los 30.000 euros. Pero no hay que olvidar que está muy bien. Porque en primavera es posible que los donativos privados para la investigación de esta enfermedad ni siquiera llegaran a los 10.000 €. Y junto al titular, está la foto de Maite Sola, la  presidenta de la Fundación Española para el Fomento de la Investigación de la Esclerosis Lateral Amiotrófica (FUNDELA), a la cual reconozco su labor y su lucha por esa causa. Pero no me parece bien ese titular si es que ha salido de su boca. Por eso digo lo de flaco favor,  porque si así ha sido está mal y si ha sido una interpretación del periodista está peor. Deben de estar muy agradecidos por esta iniciativa porque por la idiotez de derramarse el cubo de agua helada por la cabeza (a mi me hace gracia), se ha dado a conocer una enfermedad que para algunos era una auténtica desconocida y encima se han recaudado 30.000 €.  Para ellos lo quisieran los que luchan contra la enfermedad de Alpers, el síndrome de Alport, la enfermedad de Batten Spielmeyer Vogt o  el síndrome amelo-ónico-hipohidrótico, entre muchos otros. 
Es un hecho que en España por desgracia se destina muy poco dinero para la investigación. Es lo que toca. Pero que no carguen contra los que han querido apuntarse a la moda del verano de tirarse un cubo de agua por la cabeza, o el cargamento de un hidroavión en el más tonto de los casos.

¡¡¡FELIZ MIÉRCOLES!!!

martes, 26 de agosto de 2014

La Maruca, un rincón de Cantabria en Madrid

Últimamente estoy más perra que Rin Tin Tin con la actualización del blog. Y eso que tengo cosas que contar y tiempo para hacerlo. Y quizá por eso, porque tengo tiempo, lo voy dejando hasta que se acaba el día y me quiero ir a dormir o surge algún plan, porque el Santo y yo seguimos veraneando sin la Princesa. Así que la semana pasada, aprovechando que hacía 9 años que nuestras vidas se cruzaron, salimos a cenar. El sitio lo escogió el Santo y, una vez más, me tengo que rendir a sus pies porque como cicerone no tiene precio.
Después de varias opciones se decantó por La Maruca, uno de los locales de moda de la calle Velázquez de Madrid.  Cuando me dijo que pertenecía a los mismos dueños de Cañadío (Santander), ya fue una buena tarjeta de visita. A pesar de que hace muchos años que no voy por allí, hubo una época de mi vida en la que visitaba a menudo la capital cántabra y siempre pasaba por Cañadío. Y si soy sincera, no me acuerdo mucho del sitio, pero si lo mucho que me encantaba ir. Y esa sensación de ganas de más, es la que me ha dejado La Maruca.

El local está dividido en tres partes: la terraza situada en los bajos del edificio, por lo que no estás expuesto a las miradas de los viandantes; la parte de arriba que es la planta por la que se accede y en la que está la barra, y la parte de abajo algo más tranquila. Nosotros, pese a estar en la parte de arriba y el local estar lleno,  pudimos mantener una conversación agradable, que eso ya es un logro.
En cuanto a la comida, nos decidimos por un pica pica. Las mesas son pequeñas y al elegir tres platos nos los fueron sirviendo de uno a uno. El servicio es excepcional, así que un camarero estuvo pendiente de nosotros en cada momento y entre plato y plato no solo no tuvimos que esperar sino que también nos cambiaron los cubiertos. 
Para empezar pedimos una terrina de foie casero con sobao tostado, de las que te hacen saltar las lágrimas.
Continuamos con un plato de ensadilla rusa, recomendado en muchos foros, y terminamos como no podía ser menos en un lugar cántabro, con unas rabas. Y como colofón la tarta al limón 1981 considerada como una de las mejores que, por cierto, es igual a la que hace mi Santa Madre y que pronto pondré la receta. La elección fue complicada porque la carta no es muy extensa, pero la calidad de la materia prima hace de cada uno de los platos una exquisitez difícil de rechazar como el pulpo a la plancha con puré de matanza, entre muchos otros platos. Sin duda, repetiremos. 
Dirección: C/ Velázquez 54
www.restaurantelamaruca.com
Telf: 91 781 49 69

¡¡¡FELIZ MARTES!!!

miércoles, 20 de agosto de 2014

Le quiero y le requiero


Hoy hace exactamente 9 años que mi vida se dio la vuelta como un calcetín. Tal día como hoy de hace 9 años mi vida no tenía sentido. Mi proyecto, ese que me había marcado de periodista, casada, con hijos y feliz, se había ido al traste. Poco a poco lo había ido perdiendo sin darme cuenta. Y tal día como hoy hace 9 años a estas horas no tenía proyecto de vida. Todo el futuro era incierto, no tenía ganas de emprender nada nuevo, ni de empezar de nuevo una historia, ni una vida diferente, ni nada. Todo era negro. Solo quería que los días pasaran, la verdad no sé muy bien para qué. 
Pero la noche del 20 de agosto, algo me hizo navegar por Internet y encontrar al Santo. Ahí estaba él. Tan desengañado de la vida y perdido como yo. Y aquella noche ya supe que era un Santo. Y me hizo reír, y soñar y pensar en mañana, y en pasado mañana y en el otoño y en el invierno. Y llegó nuestra canción, y nuestro restaurante preferido, y nuestras manías y nuestras costumbres. Y aquel absoluto desconocido el 19 de agosto, se se convirtió en mi amigo, mi confidente, mi amante, mi marido, el padre de mi hija... En la persona que me hace reír, con la que puedo llorar, en la que me cuida cuando estoy enferma, en la que me arropa en las noches de frío...
Desde hace 9 años, sin duda, mi vida es mejor. Por eso le quiero y le requiero. Porque solo él me hace sentir tan especial. Es como el estribillo de mi canción favorita...

¡¡¡FELIZ MIÉRCOLES!!!

jueves, 14 de agosto de 2014

Perlas de la Princesa: entre vaselina y signos del zodiaco

Entre muchas otras cosas, las vacaciones tienen de bueno que al compartir tanto tiempo con tus hijos vuelves a disfrutar de esas cosas de niños. Y entre ellas, por su puesto, estás ya las afamadas perlas de la Princesa. En lo que va de verano ha soltado muchas, pero me voy a quedar con dos que son las que me han parecido las más ingeniosas y graciosas.

Primera:
Siempre en verano se resfría. Me imagino que como todo los niños: bañadores mojados, pies descalzos, corrientes, cambios de temperatura... Así que en cuanto me descuido ya va con la vela colgando al más puro estilo Troll. Y este año, curiosamente, solo ha moqueado del orificio derecho y se le ha irritado mucho la parte superior del labio. Así que como ya sé que esos constipados de verano se curan con más verano, por lo único que me he preocupado ha sido por la irritación y le he dado vaselina para que no le escociera el labio. La verdad es que la mejoría fue notable y al día siguiente de dárselo, en cuanto le empezó a picar un poco me volvió a pedir la "bechamel" para que ya lo le picase más. 

Segunda: 
Os pongo en situación. El Santo hojeando una revista y ella al más puro estilo pegatina, encima del Santo. En eso que le dice el Santo:
- Princesa, vamos a ver tu horóscopo. Tú eres virgo.
A lo que ella le contesta muy digna...
- No papá, yo no soy eso porque yo escribo con la derecha. 

¡¡¡FELIZ JUEVES CON SABOR A VIERNES!!!

miércoles, 13 de agosto de 2014

Y todo ¿para qué?

Escribir a toro pasado es fácil, pero bien lo sabe Dios que este tema ya lo he hablado con Mi Santa Madre este fin de semana. He sentido muchísimo el fallecimiento del sacerdote Miguel Pajares. Primero, y ante todo, porque siempre es triste la muerte de un ser humano y después, porque era el peor de los desenlaces de este sin sentido que ha sido el traslado del enfermo a tierras españolas. 
Hace unos días era una absoluta ignorante del ébola. Ahora, después del bombardeo de noticias sobre el tema, ahora me puedo declarar ignorante sin más.  Lo que no sabía es que es prácticamente incurable y, mucho menos, lo que cuesta repatriar a un enfermo en las condiciones en las que se trasladó a Miguel Pajares: 500.000 euros, ahí es nada. 
No voy a entrar en detalles de que si es gobierno lo hizo por ser sacerdote. Me voy a quedar con la idea de que lo hizo por ser un súbdito español y que lo hubiera hecho igual si hubiera sido un miembro de cualquier ONG agnóstica. Pero sí que voy a ahondar en el carácter religioso del Padre Miguel para preguntarme si él hubiera querido que el gobierno de su país se hubiera gastado ese dineral para intentar salvar su vida. Y no solo su gobierno sino también la Orden de San Juan de Dios, a la que pertenecía el sacerdote. Creo que no hace falta recordar que España ha vivido una de las peores crisis económicas de los últimos años y que, precisamente, la sanidad ha sido una de las más perjudicadas. Por ejemplo, a bote pronto, ¿cuántas vacunas de la varicela se hubieran podido suministrar con ese dinero? El ébola, efectivamente mata pero la varicela también lo puede hacer. Y sino que se lo pregunten a los padres de la niña de tres años que murió en marzo. ¿Hay ébola en nuestro país? No ¿Y varicela? si.
Cuando el Padre Miguel Pajares aceptó o asumió (no sé si esas cosas se imponen) su destino a Liberia sabía donde iba y a lo que se enfrentaba. Y estoy segura de que, de estar en plenas facultades, él no hubiera permitido este derroche.
En fin, otro día que tengo que pedir que paren el mundo para bajarme un ratito. A pesar de todo os deseo un...
¡¡¡FELIZ MIÉRCOLES!!!

martes, 12 de agosto de 2014

De nuevo al pie del cañón


Ya se han acabado mis vacaciones. Pero no está todo perdido. Porque aunque tenga que trabajar y desde ayer mi despertador suene a las 6 de la mañana (hora en la que, hasta hace unos días, estaba en el primer sueño), de alguna manera sigo disfrutando. Sí, se acabó el vuelta y vuelta en la playa, la cervecita que sabe a sal, la comida de mamá,  la ropa informal, las noches insomnes escuchando la radio, la anarquía de horarios, el pelo secado al aire, la cara sin más máscara que la crema hidratante, la muñeca sin otra atadura que el aftersun...
Pero aún nos queda el sol, el buen el tiempo, noches de luna en cuarto menguante o estrelladas. Días de noviazgo, el Santo y yo a solas disfrutando del silencio de nuestro hogar; cervecitas a media tarde haciendo planes para el curso que viene;  cocinando juntos para comer después y, ¿por qué no una siestecita o un paseo al caer la tarde?... Comidas con amigos o salidas nocturnas fugaces porque al día siguiente hay que trabajar. Y el fin de semana, ¡a ver a la Princesa! Y juntarnos con mis padres, y el Dr. Anónimo, Mi Otro Yo, mis sobrinos...En definitiva, se acabaron las vacaciones pero seguimos veraneando.
Porque ¿quién dijo que acabadas las vacaciones acabado el verano? Para mi no, desde luego. Yo pienso seguir disfrutando y espero que tú también.

¡¡FELIZ MARTES!! 


viernes, 8 de agosto de 2014

La Receta: Crema de espárragos

Aunque hace un calor que se derriten los pájaros, llevamos una semana en mi casa con antojos culinarios de lo más invernales. Primero fui yo con las lentejas. Tenía antojo desde marzo, cuando el Santo les declaró la guerra. Y hacer lentejas para mi sola, como que no. Así qué mi Santa Madre me hizo unas lentejitas el lunes que me supieron a gloria bendita. Y el martes fue el turno del antojo de mi padre. Para comer quiso crema de espárragos, un plato que para mi es más de cena que de comida y más del mes de febrero que de agosto. Pero esta semana ha sido la de las peticiones del oyente y había que complacer a todos. Y mi madre hizo la crema, aunque sólo para él. Os dejo la receta que luego se me olvida.

INGREDIENTES (Para 4 personas)

  • 1 litro de leche
  • 1 frasco de espárragos (8/10 unidades)
  • 2 cucharadas de harina
  • 1 cucharada de mantequilla
  • Ketchup
  • Sal y pimienta
PREPARACIÓN

En un cazo ponemos a calentar la leche con la mantequilla, la sal y la pimienta. Mientras, en una taza, diluimos la mitad del caldo de los espárragos con la harina. Debemos conseguir que se diluya bien y que no se hagan grumos. Cuando la leche comience a hervir, se incorpora la mezcla del caldo y la harina a la leche y se remueve durante 10 minutos, hasta conseguir la textura de unas natillas claritas. Se cortan los espárragos en trozos y se incorpora a la crema. Para finalizar, se añade un buen chorro de ketchup antes de servir y se remueve bien para que ligue con la crema. Y listo para comer. 

 ¡¡¡FELIZ VIERNES!!!

jueves, 7 de agosto de 2014

Nuestro Chill Out

Este verano está siendo raro en cuanto a mi rendimiento bloguero. Estaba convencida de que en estas vacaciones no solo iba a cumplir religiosamente con mi compromiso diario sino que además iba a dejarme alguna que otra entrada en la recámara para imprevistos. Y lo creía porque además de que no tengo nada que me atormente, este año en el jardín del Lugar Donde Siempre Me Gusta Ir hemos creado un rincón, al que hemos denominado chill out, perfecto para escribir.
La idea surgió ante la necesidad de tener un sitio en el que los adultos nos sentáramos a charlar tranquilamente en la sobremesa o al atardecer. Evidentemente ya existía, pero era de Mis Santos Padres. Así que por el artículo 33 decidimos no instalar la piscina hinchable que desde hace algunos años invadía el jardín y lo cambiamos por el chill out. 
Nos hemos gastado muy poquito y ha sido divertido prepararlo. La instalación deportiva "Phil &Froi" (o lo que es lo mismo la piscina hinchable) se colocaba sobre una plataforma de cemento que habíamos mandado construir al ser un jardín en cuesta. La piscina, además, estaba rodeada de césped artificial. Así que con las mismas, cogimos el césped, lo recortamos y alfombramos la plataforma de cemento. Y oye, ni hecho a medida. 
Después fue el turno de los muebles. Para los asientos tiramos de la moda vintage y del trastero sacamos dos butacas de mimbre que mi abuela tenía en un cuarto. Las pintamos de blanco y pusimos unos almohadones que Mi Santa Madre hizo para esos sillones cuando ya los recuperó ella para algo parecido. También recuperamos un banco de madera y forja, regalo de boda de unos grandes amigos a Mi Otro Yo, que decidimos cambiarle el aspecto tratando la madera como si fuera teka.

Solo compramos la sombrilla (el pie también es reciclado), la mesa del centro (la famosa mesa Lack de Ikea 24, 99 €), la mesa auxiliar (también de Ikea modelo Lindved 15,99 €), amén de los detalles como las velas, portavelas o el invernadero.



El rincón no puede ser más apetecible y, encima, tengo cobertura, un bien preciado por estos lares. Entonces, ¿qué es lo que me impide escribir? Tengo el sitio, tengo las ideas, tengo la cobertura, tengo el medio, tengo tiempo... Si, tengo todo pero ¡¡¡no tengo paz!!!
La Princesa lleva todo el verano con sus primos y ahora que no están los echa de menos. Y a falta de primos buena es mami. Y la Princesa se ha convertido en mi sombra, mi pegatina, mi aura, mi tatoo... Y me invade mi espacio, me quita el aire, mi paz y mis ganas de escribir.
Y llegará el día 11 y vendrán los primos y yo podré escribir en mi chill out. Pero para entonces será tarde porque ya estaré trabajando. 
Pero bueno, siempre me quedarán los fines de semana y las tertulias en el chill out con el Santo, Mi Otro Yo y el Doctor Anónimo que es la verdadera finalidad de este rincón que con tanta ilusión hemos creado. 

¡¡¡FELIZ JUEVES!!!

miércoles, 6 de agosto de 2014

El fenómeno de las cosas menguantes

Todo el mundo en esta vida tiene que tener un pueblo o adoptar uno, como animaba el anuncio hace par de veranos. ¡Qué placer volver al lugar donde uno pasó su infancia! Y que maravilla enseñar a tus hijos aquellos sitios donde diste tus primeras pedaladas a una bici o donde te caíste por querer escalar una roca o aprendiste a nadar. Y en esas estamos. 
En el Lugar donde siempre me gusta ir no tenemos piscina propia porque no sale rentable. Más que nada porque estamos a más de 1.200 metros de altitud y verano, lo que se dice verano, tenemos de Virgen a Virgen, vamos del 16 de julio al 15 de agosto. Y quien es el guapo que se pasa todo el año cuidando de la piscina para darse un par de chapuzones. Para eso nos vamos a las públicas que tenemos tres, a pesar de la rasca de la zona. Una es de una urbanización privada y supuestamente no podría ir. Pero toda mi vida he ido alegando ser la prima hermana de la mujer de Angustias y el guarda haciendo la vista gorda, más que nada porque me conoce de toda la vida. Pero ya me pilla mayor para estar regateando por un trozo de césped. Así qué con su pan se lo coman, que me siguen quedando dos muy dignas. La otra es la piscina municipal de toda la vida. Recuerdo haber ido muy pequeña. Pero me quedó algo de trauma cuando me estuvieron a punto de cortar dos dedos del pie derecho por congelación. Además es una pena que una instalación tan buena este tan masificada con focas, pingüinos y otras especies de la fauna de la Antártida. Además es muy incómodo cortar el hielo para sumergirte en el agua. Y la tercera es una concesión municipal, está relativamente cerca de casa y es a la que íbamos los veranos que, por el motivo que fuera, no nos hacíamos socios de la pija. Hace unos días le prometí a la Princesa ir a la piscina. Soy de la teoría de que nunca prometas a una niño algo que no puedas o quieras cumplir. Y aunque del 1 al 10 me apetecía -2 ir a la piscina, allí que me fui con la Princesa. Me hacía ilusión ir más que nada porque mi hija conociera mi piscina y yo por volver. Y allí que nos plantamos. Cuando llegué descubrí que el fenómeno de las cosas menguantes había pasado también por la piscina. Y aquella explanada verde tan enorme que yo recordaba es una cuarta en la que a penas caben docena y media de toallas. Y la piscina de pequeños que yo a duras penas recorría de lado a lado, es un charquillo que con dos brazadas me la cruzo. Lo único que ha menguado menos en la piscina de mayores. Y lo que sigue igual es el fondo, 2,10. Y como yo mido metro y medio desde que el mundo es mundo, llegar al fondo me sigue costando tanto o más que entonces. Y vosotros, ¿también habéis tenido alguna experiencia del fenómeno de las cosas menguantes?

 ¡¡FELIZ MIÉRCOLES!!!

lunes, 4 de agosto de 2014

El colechador, ¿nace o se hace?

No soy partidaria del colecho. La verdad es que no lo veo práctico ni para la pareja ni para el bebé. Pero ojo, que ni creo estar en posesión de la verdad y respeto muchísimo a la gente que lo práctica. Es más, admiro mucho a las personas que consiguen descansar con el bebé en la cama, y no te quiero ni contar cuando son dos. En estos días el Santo ya ha comenzado a trabajar y como a mi aún me quedan vacaciones, me he quedado con la Princesa y mis Santos Padres en el lugar donde siempre me gusta ir y estoy colechando. Si algo me gusta hacer en verano es trasnochar hasta las mil metida en la cama leyendo, escuchando la radio, navegando por Internet... Me las prometía yo muy felices, pero más se las prometió la Princesa y lleva unos días durmiendo conmigo y lo que le queda. He de decir que el comienzo de la noche no es malo porque se duerme bien aunque tenga la luz encendida y la radio puesta pero hasta que le vence el sueño estoy sometida a un tercer grado parecido a la de la Gestapo: ¿qué lees? ¿qué escuchas? ¿quién es el señor que habla? ¿le conoces? (desde que trabajo en la radio se cree que todos los que hablan en la radio son mis amigos) ¿de qué hablan? ¿hay radio de pequeños?... Solventado el interrogatorio, lo peor está por llegar. ¿Cómo es posible que con el Santo (1,70 y 80 kilos) ni nos rocemos, cuando no queremos, y con la Princesa (1,20 y poco más de 20 kilos) sienta constantemente su presencia en mi espalda? En particular, su rodilla derecha tiene ya su hueco en mi costillar izquierdo, ¡oye, cómo encaja! Vale que la cama es de 1'35, pero es muy injusto que yo tenga que dormir en 20 cm. y ella en el resto. Bueno, ella y Lolo y Teddy, el oso apestoso. Y como no me creo que los colechadores disfruten de dormir con una rodilla incrustada en cualquier parte de su cuerpo o que adoren descansar al filo de la cama, he llegado a la conclusión de que esto es un arte y que un buen colechador nace o se hace desde la más tierna infancia y no se puede improvisar así de buenas a primeras. Eso o que yo soy muy exigente a la hora de dormir, que creo que no es el caso porque me duermo de pie si es necesario. Y aunque al principio he dicho que no soy partidaria del colecho, lo si que me gusta es sentir como me acaricia la cara con su manita en mitad de la noche o escuchar la respiración pausada y relajante del sueño de un niño.

 ¡¡FELIZ LUNES!!
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