viernes, 9 de mayo de 2014

Los trucos de la abuela: huevos podridos


La última vez que fuimos a Las Navas nos vinimos con un cesto de huevos recién puestos de las gallinas del vecino. Yo sabía que teníamos huevos de sobra en casa (literal y metafóricamente hablando) Pero, ¿quien se resiste a un huevo frito, de los de verdad, tan amarillo y tan rico? En esta familia, nadie. Así que se vinieron los huevos.
Al día siguiente de llegar nos zampamos los primeros, pero luego tuve que atacar a los de casa porque puede leer en la literatura que traían en la cáscara (ríete tú del Padrenuestro escrito en una lenteja) que caducaban en esos días.
Acabados estos se me planteó la duda de cuanto dura un huevo recién puesto, sin pasterizar, ni tratar ni nada de nada. Así que me encontré con este truco que hoy comparto.
Es muy fácil. Solo hay que llenar un vaso largo con agua y sumergir el huevo. Y depende de su comportamiento es apto para comer o no:
- Si se hunde rápido y se queda en el fondo está bueno.
- Si el hundimiento es paulatino pero se queda en el fondo, está bueno con reservas. Hay que comerlo ya
- Si flota, no hay huevo para comer. Ni literal ni metafóricamente hablando. Más que nada porque puede ser asqueroso al estar podrido.
Afortunadamente, los que me quedaban bajaron a la velocidad del rayo, en el vaso y a mi estómago.

¡¡¡FELIZ VIERNES!!!

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