lunes, 24 de febrero de 2014

El "chandalismo"

Fabuloso fin de semana el que hemos pasado el Santo y una servidora ejerciendo a la perfección de nuestro papel de Malos Padres. Para la ocasión hemos aprovechado un cofre regalo que nos habían traído los Reyes. Si en este tipo de formato piensas que vas a encontrar hoteles de cinco estrellas, estás equivocado. Nadie da duros a cuatro pesetas (ahora habría que decir un euro por 90 céntimos, ¿no?) Suelen venir hoteles de tres o cuatro estrellas bastante apañados, perfectos para un fin de semana como el que hemos pasado. 
Después de mucho estudiar y obligados un poco por la disponibilidad de plazas (¿quien dijo crisis?) y de las condiciones meteorológicas, finalmente nos decantamos por un hotel en Baeza que disponía de spa. La verdad que esto último nos daba un poco igual, pero luego resultó ser un acierto. 
El hotel estaba en mitad de la nada en mitad de un olivar. Nada alrededor excepto olivos, olivos y olivos a más de cuatro kilómetros a la redonda. El escenario perfecto para dormir, descansar y relajarse. Pero para los clientes más jóvenes, el sitio idóneo para una escapada romántica (¿por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?).  Nuestro hotel era lo más parecido al Hotel Zouk de Madrid (establecimiento para parejas que buscan intimidad y discreción) pero más rústico y sin tanta sofisticación.  Todas la parejitas estaban cortadas por el mismo patrón: sonrisa "Profiden", cara de no pagar hipoteca y el 90% de ellos en chándal. Si, en chándal. ¡¡¡Horror!! Pero ¿por qué se empeñan en esta moda? Si fueran a hacer deporte, si estuvieran en un club deportivo o en su casa lo admitiría. Pero ¿por qué en un hotel en mitad de la nada aunque solo fuera de 3 estrellas? Yo entiendo que cómodo es un rato y yo soy la primera que me calzo el chándal en cuanto llego a casa. Perono voy en chándal ni a comprar el pan y creo que sería lo último que metería en una maleta. Porque si es por comodidad, los monos de faena deben ser comodísimos pero no por ello vamos todos en mono. 
Al hilo de esto me ha venido a la cabeza la noticia de que los clientes que acuden a comprar en chándal o incluso en chanclas a la milla de oro de Milán son los que  más dinero se dejan en las tiendas porque son los más ricos o tienen mayor status. Lo mismo hemos estado entre ricos y no nos hemos dado cuenta... Mira que lo dudo, pero en fin. Lo más importante es que lo hemos pasado estupendamente. 
Y como dice Mi Otro Yo, se puede perder la ética pero nunca la estética... Y para mi esa gente la pierde en el momento que se ponen un chándal. ¿Me estaré haciendo mayor?

¡¡¡FELIZ LUNES!!!

3 comentarios:

  1. Noooo. Ir en chándal cuando no se va a hacer deporte es una horterada mayúscula (o es que yo también me estoy haciendo mayor... :P)
    Bsitoss

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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