lunes, 23 de diciembre de 2013

Ya estamos de vuelta

Tras 11 días de silencio, vuelvo. No es que mi salón sea como el palacio de Buckingham y haya necesitado tantos días para arreglarlo. Desde el miércoles perfectamente podía haber escrito, pero hasta hoy me he hecho la remolona y he llegado incluso a pensar si esta obligación me compensa. Y en el momento de más flaqueza llegó el ránking de Madresfera y me dio el empujón que necesitaba. Entre más de 1300 blogs, yo estoy entre los 100 primeros. Y eso os lo debo a vosotros y no os puedo abandonar. Y además, como dice el cantautor Tontxu, uno de mis cantantes favoritos, "vuelvo porque te quise, vuelvo porque te quiero, vuelvo porque te estaba echando de menos..."
Como bien intuía, estos días han sido intensos. Más de lo que me podía imaginar. Intensos en todos los sentidos: de trabajo, de trabajo en casa, de suciedad, de desorden, emocionalmente hablando, de compromisos... No sé si al resto le pasa, pero yo tengo una extraña habilidad de juntar todo en el tiempo.  En estos 11 días me ha dado tiempo a desmontar el salón y el recibidor, distribuyendo los muebles por el resto de la casa;  a que me cambiaran el suelo; a pintar; a correr 5 kilómetros vestida de Papa Noel con Mi Otro Yo y una amiga (en el kilómetro 4 me iba preguntando que narices hacía yo allí totalmente oxidada y sufriendo...), a ir a la peluquería; a la manicura; a llevar a la Princesa a 2 cumpleaños; a celebrar una gala con más de 200 invitados; a disfrutar con el festival de la Princesa; a comer con amigos; a ir a la cena de empresa; a montar de nuevo la casa y a decorarla de Navidad. Además, en mitad de todo esto recibí la noticia del fallecimiento de una persona a la que admiraba por lo que el estado de ánimo no ha sido el mejor para soportar el cansancio. Pero si he superado estos días, creo que estoy preparada para superar lo que me queda de año.
Pensé que iba a volver cargada de ideas y anécdotas que contar. Pero han sido pocas. Y ya lo he dicho muchas veces, el cine ha hecho mucho daño. Me imaginaba al Santo y a una servidora rodillo en mano, perfectamente vestidos para la ocasión, pintando la casa entre risas al ritmo de la música de fondo. Vamos al más puro estilo Kate Hudson y Matthew McConaughey. Y nada más lejos... Nada de ropa conjuntada, más bien vieja y estropeada; el pelo recogido de cualquier manera y con la cara lavada y ojerosa. La música si sonaba de fondo pero salpicada de algún que otro taco cuando pintábamos algo que no debíamos. Ahora estoy contenta con el resultado, pero no sé si engañaré al Santo para otra de estas. 
Pero además de Gomaespuma por aquello de su libro "Quién me mandaría meterme en obras", en estos días he tenido muy presente a las familias que se ven obligadas a abandonar sus casas y a vivir en la habitación de un familiar. Lo nuestro han sido unos días, poco menos de una semana, y algo voluntario y para mejorar el resto de la casa. Pero me he sentido muy agobiada. El primer día me hizo mucha gracia saltar al Santo para salir de la cama pero el segundo no tanto. Y cada vez que lo hacía pensaba es todas esas familias. Suena a tópico, pero no sabemos lo que tenemos. Así que después de esta experiencia me he vuelto a enamorar a de mi pequeña casa. ¡No hay mal que por bien no venga!!

¡¡FELIZ LUNES!!  
(Mañana más y mejor)

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