martes, 24 de diciembre de 2013

Hoy me toca trabajar para conseguir una feliz Navidad

Hoy el cielo de Madrid se ha levantado plomizo. Debe hacer frío y tiene pinta de llover. No es el escenario que hubiera escogido para este día y menos cuando la nostalgia me invade. Hoy me encantaría retroceder 20-25 años. Estar ahora mismo retozando en la cama, porque ayer salí con mis primos, y con la única preocupación de tener el vestido preparado para esta noche. Ahora me levantaría, desayunaría y me iría con mi madre y mi hermana a pasear por Madrid. Picotearíamos algo a modo de comida, iríamos a dormir la siesta y, con un poco de suerte, pillaría a mi madre en un renuncio y conseguiría que me pintara las uñas (me ha puesto rulos, alisado el pelo, planchado lo impanchable, coserme lo que sea pero lo de las uñas de siempre le han superado y no por estética sino por pereza de hacerlo) Después iríamos a casa de la abuela y nos juntaríamos todos. Primos y tíos a los que veía una vez al año, por aquello de vivir cada uno en una punta, primos y tíos de Madrid, la abuela...Y comeríamos pavo, beberíamos sidra (que otra cosa sino en casa de asturianos) y comeríamos turrones y piñones recubiertos de azúcar. Cantaríamos acompañados de la guitarra de mi padre y la botella de anís de mi tía Pilina. Llegaría el Niño Jesús y abriríamos los regalos y la abuela, al abrir el suyo, lloraría lamentándose de que esa sería su última Navidad.  Y así, año tras año en los que fui muy feliz. 
Pero llegó el día que la abuela cumplió su promesa y fue su última Navidad. Y entonces dejé de ser nieta para ser hija. Y a los pocos meses pasé a ser madre y todo cambió. Ahora la Nochebuena es diferente, ni mejor ni peor. Simplemente diferente. Ya no hay paseo por Madrid porque siempre tenemos algo que hacer para la cena o la comida de mañana. Hoy tengo cuerpo de jota porque desde ayer el Santo y yo estamos vomitando y nos duelen hasta las pestañas. No habrá primos lejanos, ni guitarra, ni pavo de las tías. Pero hoy habrá otra noche mágica para nuestro hijos. Espero que La Princesa cuando llegue a mi edad recuerde con lágrimas en los ojos sus Navidades de niña. Yo, por supuesto, haré todo lo posible para que así sea. Ella tendrá otros recuerdos y espero que tan maravillosos como los míos. Desde luego, que por mi que no quede. Después de dar al "publicar", me quitaré el pijama de nostalgia y me pondré el traje de espíritu navideño para que esta noche la Princesa me diga lo que me ha dicho hace un rato: me encanta la Navidad.
Solo me queda desearos una feliz Navidad y, para los creyentes, una recomendación. Que nunca perdamos el verdadero sentido de estas fechas. 

¡¡FELIZ NAVIDAD!!

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