martes, 5 de noviembre de 2013

El mal del procrastinador

Soy de las personas que funcionan mejor a primera hora de la mañana que a última. Debe de ser porque madrugo y a partir de las 8 de la tarde no soy persona. Por eso que muchas de las entradas las escriba a diario, nada más salir de la ducha. Esto me obliga a levantarme a las 6.15 de la mañana, cuando salgo de mi casa a las 8.45. Para algunos les parecerá una locura. Para mi, a veces, también. Pero es lo que hay. Algunos días, como hoy, no me puedo creer que ya sea la hora. Y entonces, con una agilidad mental asombrosa, repaso lo que he dejado para última hora (como buena procrastinadora) y recalculo los tiempos de acción, retrasando el despertador 15 minutos. Hoy, por ejemplo, ha sido de los días que lo he llegado a hacer hasta casi 3 veces porque una extraña fuerza me atraía hacia la cama, envolviéndome entre las sábanas, sin poder hacer nada en contra. Y no porque no tenga cosas que hacer. Es una de las mañanas que vienen cargadas. Así que voy como pollo sin cabeza, corriendo sin zapatillas por toda la casa, intentando que el tiempo me cunda como un día normal. Y siempre, o casi, funciona. Y cuando se levanta la Princesa, a las 8, parece que mamá se ha despertado a la misma hora de siempre. Pero yo sé que hay cosas sin hacer o cosas a medias. Y hoy le ha tocado al blog. Yo estoy aquí, pero mis ideas se han quedado en la cama acurrucadas al lado del Santo o bien conmigo porque no se atreven a salir por falta de tiempo. Y para plasmarse en la bloguesfera deprisa y corriendo, prefieren quedarse y salir en otra ocasión.
Y este es el mal de los procrastinadores. Ahora me lamento de no haber escrito aquella tarde libre la entrada que tengo en mi cabeza desde hace meses y que requiere tiempo para escribirla o no haber apuntado aquella idea que servía para un post rapidito.
Y después de esta parrafada, casi sin sentido, me gustaría que sintierais el compromiso que tengo con las personas que me siguen a diario. Yo solita me he buscado una obligación que muchas veces me reconforta y muchas otras me atormenta. Pero estoy muy contenta de sentarme cada día ante una pantalla en blanco y dejar un poquito de mi (parafraseando a la Tía Marina)
Y lo mejor de todo, que esta entrada absurda se convertirá en la más visitada del blog como me pasó con la del nivel 

¡¡¡FELIZ MARTES!!!
(Mañana más y mejor. Lo prometo)

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