jueves, 26 de septiembre de 2013

El vestido de la Princesa


Desde que nació la Princesa me ha gustado jugar a las muñecas con ella. Yo soy la niña y ella es mi muñeca. Por eso siempre me ha gustado vestirla, peinarla, comprarle vestiditos... Y siempre he sido fiel a mi estilo. Para algunos será rancio, cursi, antiguo... para mi es simplemente clásico. De bebé vistió sus faldones, sus ranitas, sus vestidos de niño de abeja... y ahora su vestimenta se va adaptando a su edad, pero siempre fiel a mi estilo. Y para ello siempre he contado con la inestimable colaboración de Mi Santa Madre. Además de cocinar estupendamente (no diré lo de la tortilla de patatas porque la mejor siempre es la de la madre de uno) cose muy bien. Gracias a ella la Princesa ha tenido faldones, chaquetas, vestidos, camisones... que nunca han dejado indiferente a las personas que aprecian la laboriosidad de esas prendas. Y el vestido que la Princesa llevó a su cumple, como no podía ser de otra manera, también es de ella. La Princesa, sin saberlo, vestía una preciosa obra de arte hecha, nada más y nada menos que por una "bisatía" mía y tataratía de ella, la abuelita Visita, de mediados del siglo pasado. 

Este verano mi tía descubrió entre sus cosas un cuerpo de un vestido que su abuela debió hacer para ella. Es una maravilla, hecha de hilo y a ganchillo. Una virguería y es una pena que en las fotos no se aprecie lo bonito que es. Estaba conservado en perfecto estado y en cuanto lo vimos tuvimos claro el vestido. Y en menos de una semana, la Princesa ya lo tuvo.
No sabéis la suerte que tiene ni hija de tener una abuela que le cose vestidos propios de Princesa. 
Gracias madre por coser y coser y coser siempre que te lo pedimos. Creo que te debía esta entrada por tu esfuerzo y por hacer cosas tan bonitas.   

¡¡¡FELIZ JUEVES!!!

 (Las fotos siguen siendo de Marina Allas, la tía Marina)




 

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