martes, 20 de agosto de 2013

Gasparín

Este verano somos uno más. En el mes de julio llegó Gasparín. Un invento de Tiger (Tienda Ideal y Genial para Empequeñecer Remordimientos). Es la tienda típica de pijerias inútiles pero todas monísimas que no cuestan más que un par de euros. Así que este verano ha sido mi proveedor principal de regalitos para la Princesa, cuando la hemos dejado con sus abuelos (ya, ya sé que quedarse con los abuelos ya es de por sí un regalo. Pero una no puede evitar lo de sentir remordimientos por abandonar a una hija para descansar de ella).
Gasparín, que comercialmente no se cómo se llama, es un muñeco de loza con una enorme calvorota. La gracia consiste en regar la cabeza para que crezca hierba y haga las veces de pelo. 

Ya en mis tiempos mozos había muñecos de esos, pero a mi nunca me creció la hierba. Debe de ser porque a mi me van los de poco pelo.


Pero cual ha sido nuestra sorpresa que a los muñequitos del siglo XXI si les crece el pelo. Y a los pocos días el muñequito no sólo tenía nombre (Gasparín) sino que ya empezaba a tener algún que otro cabello.


Y la Princesa se empezó a emocionar con el individuo hasta tal punto que se convirtió en la encargada de regarlo todos los días y yo de fotografiarle.

 
Y tal fue la cabellera que le creció a Gasparín que tuvimos que recortarle las puntas.


Y llegó el día de irnos a la playa y Gasparín se vino en la maleta.


Cuando compré a Gasparín ni se me pasó por la cabeza el juego que iba a dar y, sobre todo, que despertara en la Princesa esa responsabilidad. Así que si queréis que vuestros hijos sean responsables probad con una Gasparín.

¡¡¡FELIZ MARTES!!

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