lunes, 1 de julio de 2013

Y nos fuimos a Cuenca

¿Os acordáis de la peli española "Todo es mentira" de Coque Malla y Penélope Cruz? ¿Qué habrá sido de Coque Malla y Los Ronaldos? Bueno, que me pierdo. Pues en esa película, cada vez que Coque Malla se enfadaba o tenía un problema decidía irse a Cuenca. Pues bien, este fin se semana nos ha tocado a nosotros lo de irnos a Cuenca. Y no precisamente por tener un problema, sino para celebrar nuestro sexto aniversario de boda que fue ayer. La idea surgió de la nada, de un día para otro, y los dos estuvimos de acuerdo en llevarnos a la Princesa. Para ella iba a ser todo un acontecimiento y, efectivamente, así ha sido. 
Fue el Santo el encargado de buscar el hotel y, como siempre, acertó. Eligió el hotel Alfonso VIII, un hotel antiguo, pero reformado, muy correcto, muy limpio y excelentemente situado. Lo mejor, que íbamos con la idea de una cama de matrimonio y una supletoria y nos encontramos con una habitación con dos cuartos y  un baño. La Princesa estaba encantada con su nueva habitación, aunque no lograba entender porqué no había ni cocina ni salón. Para ella todo era una novedad. Y no porque fuera la primera vez que estaba en un hotel, pero la última vez fue con casi tres años y no se acordaba. Esta circunstancia ha hecho todavía mejor esta escapada.
Llegamos el sábado por la tarde y decidimos patearnos el centro histórico. Plaza Mayor, Casa Colgadas (que no colgantes), Puente de San Pablo... Una buena paliza de subida y algo más liviana la bajada. Entre subir y bajar estuvimos caminando casi dos horas. Y entonces redescubrí Cuenca y volví a entusiasmarme con esa ciudad mágica. La Princesa se portó como una campeona disfrutando de cada rincón, emocionándose con cada cosa nueva y sin poner ningún pero. Se cansó, como todos, pero le pudo más el sentirse mayor y estar de excursión que el quejarse.


Y llegó la hora de la cena y no contentos con dormir fuera de casa, también íbamos a cenar en un restaurante. Para acertar, nos guiamos por las indicaciones que en su día nos hizo Su, de Webos Fritos, una conquense de pro y nos dirigimos a la calle San Francisco. No nos decidimos por La Poderosa, sitio obligado, porque no tenía terraza y la noche animaba a cenar fuera. Nos sentamos en sus vecinos, La Barrica del Miguel, y fue todo un acierto.  Pedimos un par de alpargatas. La mía de Salmón y la del Santo...una imagen vale más que mil palabras:


La Princesa lo tuvo claro. Abandonó sus patatas bravas para compartir con su padre la yema de los huevos.
El domingo por la mañana decidimos visitar la ciudad de una manera más cómoda. El día era largo y por la tarde les esperaba una buena que ellos no esperaban. Así que nos dirigimos al aparcamiento del castillo para coger el tren turístico que recorre los sitios más emblemáticos. Otra novedad para la Princesa. Una hora subiendo y bajando, pero esta vez si cansarnos. Muy recomendable, sobre todo, si se va con niños. Sale cada hora desde el Centro de Recepción de Turistas y de la explanada del castillo. 

Comimos en Cuenca, nos tomamos un helado en la calle Carretería, la más comercial de Cuenca y pusimos rumbo a la Ciudad Encantada. Una caminata de una hora en la que pudimos disfrutar del aire puro de la sierra y de la formación de monumentales rocas calizas creadas por la naturaleza. Todo un acto de amor del Santo, que no es muy dado a este tipo de "aventuras" y menos a las cinco de la tarde,  y de fortaleza de la Princesa que solo se quejó cuando quedaban 100 metros para la salida. 
Y como esta entrada es lo más parecido a la encerrona de tu vecina enseñándote el vídeo de tu boda, quiero terminar reivindicando Cuenca como un lugar precioso, un destino más que apto para niños (siempre que no vayan en carrito) en la que se come muy bien y en la que uno se divierte mucho.

¡¡FELIZ LUNES!!

2 comentarios:

  1. Que viaje tan chulo! deseando ir a Cuenca

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    1. Y todavía queda un destino pendiente: el nacimiento del río Cuervo. Pero eso será para otra ocasión!!!

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