miércoles, 26 de junio de 2013

Un atentado a los derechos de la infancia

Sin duda, ya estoy con el horario de vacaciones en modo on. Y no solo porque la Princesa ya no tenga cole, sino también porque he empezado a trasnochar. Adoro acostarme a las mil en verano. A veces leo, otras escribo y las más perras veo la tele. Y en una de estas noches perras, me he topado con un par de programas en Divinity que me han puesto los pelos como escarpias. Uno es el reality estadounidense  'Mamá quiero bailar', sobre una de las academias de danza más importantes de Estados Unidos. Las protagonistas son las niñas bailarinas, sus ambiciosas madres y una estricta profesora. El otro programa, también reality americano, es primo hermano de ese. Se llama "Pequeñas princesas" y cuentan los preparativos de los certámenes de belleza infantil, tan célebres en América. Y que queréis que os diga, para no dormir. Ambos no dejan de ser un resumen de las torturas físicas y psicológicas a las que son sometidas unas pobres niñas de mano de sus despiadadas madres.
No puedo imaginarme como unos padres pueden disfrutar tanto haciendo sufrir a los niños. Porque en el fondo los hacen sufrir. Cambian las Barbies por pestañas postizas, extensiones y maquillaje convirtiéndose ellas mismas en un fiel reflejo de la muñeca con la que debían estar jugando. Son muñecas humanas con las que juegan las madres. Madres, en la mayoría de los casos, frustradas por no lograr cumplir algún sueño y ahora esperan que sus hijos lo hagan a fuerza de imponérselo. Porque no creo que una niña de 3 años ya haya sugerido su deseo de ir a un certamen o someterse a vejaciones para ser la primera en el cuerpo de baile.
Y en definitiva, ¿qué buscan esos padres? ¿Fama? ¿Dinero? ¿Es una cuestión de vanidad o una proyección de lo que ellos querían ser y no fueron? Actualmente, estos certámenes mueven alrededor de unos 5.000 millones de dólares cada año. ¿Qué padre está dispuesto a que su hija se convierta en un mono de feria generador de toda una fortuna y no precisamente para ella? Sea cual sea la motivación que les lleva a hacer eso ni la entiendo, ni la comparto y ni la respeto.
No soy psicóloga, ni educadora profesional, aunque si madre y es como la versión amateur de estas dos especialidades. Y creo que puedo afirmar con rotundidad que estos concursos son más dañinos de lo que pueden parecer.
Si lo que se juzga es la belleza infantil, ¿por qué visten y maquillan a las niñas como mujeres? ¿No se les estará robando su apariencia e inocencia infantil? ¿Es necesario someter a las niñas a tal grado de estrés, nada común en niños de su edad? Las niñas que ganan, ¿están preparadas para aceptar el reconocimiento con humildad y con lo pies en la tierra? Y las que pierden, ¿podrán asumir, sin consecuencias, esa amarga derrota después de tanto sufrimiento? A la larga, unas y otras son juguetes rotos.
Mi Princesa juega y jugará a ser más Princesa. No lo veo mal que quiera pintarse, maquillarse y que sea coqueta. Incluso que baile y desfile. Pero en casa y como un juego. Lo demás es para mi un atentado a los derechos de la infancia. 
¡¡¡FELIZ MIÉRCOLES!!!




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