viernes, 7 de junio de 2013

Pilates y los trajes de la Pantoja

Mi Otro Yo me ha liado y me he apuntado a pilates con ella. Es para hacerles un favor. Hasta este mes estaban apuntadas al Centro Cultural de al lado de su casa, pero al terminar el curso la profesora les ha propuesto seguir en otro local. Les faltaba una persona para hacer grupo y me convencieron. Divertido es pero operativo nada. Lo practicamos a 25  minutos de mi casa en coche. Menos mal que a esa hora no hay tráfico y no se aparca muy mal. Lo mejor es el sitio. Os cuento como fue el primer día porque fue como de cámara oculta. Por fuera parece una peluquería de barrio sin más. Cuando entras te da la sensación de estar en el típico local newyorkino, de los que no entrarías por nada del mundo. Pero ahí estábamos las tres pardillas, mi Santa Madre, Mi Otro Yo y yo misma. La sala es diáfana con no sé cuantos puestos de peluquería alrededor, eso si vacíos de clientela y personal, una lavadora del año de la tos en mitad de la sala y al fondo un negro, dominicano diría yo, que amablemente nos atendió a  todos cuantos entramos. En los diez minutos que estuvimos esperando solo entramos nosotras... Del fondo apareció una chica de mediana edad que, todavía mucho más amable que el dominicano, nos dio de nuevo la bienvenida. Esta era colombiana y vestía falda negra y camiseta negra. Zapatos de tacón y maquillada. Era el prototipo de encargada. Por fin llegó la profesora y entramos en el submundo del local. Bajamos unas escaleras y llegamos a una especie de sala de estar grande, con dos sillones, un sofá, una mesita baja y un maniquí con una camiseta publicitaria de la peluquería. Todo surrealista. Y al fondo la sala de pilates. Muy limpia, igual de diáfana pero con ese halo de antro newyorkino. La clase estuvo muy bien aunque tengo agujetas en músculos que ni siquiera sabía que tenía. Terminamos la clase y fue el momento de pagar. Entramos en un nuevo despacho. Limpio, perfectamente montado y al mando otra mujer, muy arreglada y también amabilísima. Esta sala podría ser un despacho de Manhattan, ¡¡¡menudo contraste!!
Y quitando la experiencia de conocer nuevos mundos, músculos y sensaciones, Pilates ha supuesto en mi vida que me cambie más vestimenta que la Pantoja en un concierto en Benidorm. Cuando me levanto me visto de calle para llevar los peques al cole (la mía y un amiguito). Podría ir en ropa de deporte, pero ya me lo advirtió Mi Otro Yo nada más dejar de trabajar: En tu estado puedes perder la ética, pero nunca la estética. Así que, no es que me ponga de tiros largos, pero me arreglo para ir al cole (Primer cambio). Los dejo a las 9 y vuelvo a casa. Es el momento de vestirme de pilatera (segundo cambio). A las 10.30 me voy a Pilates y cuando regreso, 12.30, es el momento de limpiar. Así que ropa de estar en casa (tercer cambio). Cuando ya está todo hecho toca comer y marcharme a por los niños. Así que después de la ducha, de nuevo me cambio (cuarto cambio). Y a no ser que vaya a salir esa noche, que entonces habría un quinto cambio, aguanto con esa ropa hasta que me pongo el pijama y me voy a dormir, lo que haría el quinto o sexto cambio, en el peor de los casos. 
¿Mentía o no mentía cuando me comparaba con la Pantoja? Jajaja, menos mal que tengo tiempo y humor para esto. 

¡¡¡FELIZ VIERNES Y FIN DE SEMANA!!!

(Voy a por mi segundo cambio)

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