martes, 7 de mayo de 2013

No por estética sino por forma física

Soy de la opinión de que, por lo general, cualquier persona, independientemente de su físico, puede desempeñar cualquier puesto de trabajo, siempre que esté preparada para ello. Un presentador de televisión gordito es totalmente lícito como una recepcionista fea. Cualquier puesto de trabajo, excepto algunas excepciones. Entiendo que una modelo que use la talla 36 no puede ser modelo de tallas grandes, como tampoco apruebo que una persona de una talla 48 sea modelo de una talla M. Ojo, que la delgadez extrema tampoco es el modelo. Pero entre los oficios en los que no concibo la gordura está el de policía o vigilante. Y no por estética sino por forma física. Desde hace algunos meses, cuando cojo el metro,  me encuentro con un vigilante que ni yo de ocho meses tenía tanta tripa. Y curiosamente el 80% de las veces le veo en las escaleras exteriores fumándose su cigarrito. Debe ser que le pillo en la hora de descanso. Y siempre pienso lo mismo. Como este buen señor tenga que protegerme de algo, más me vale salir a correr más a menudo y estar preparada.
Así que cuando hace unos días escuché que los mandos de la policía de Nepal van a pasar revistar a sus agentes para ver si sufren sobrepeso y que van a someterles a un duro entrenamiento, no pude evitar acordarme del vigilante. Un vez más me viene ni que al pelo aquello de que la mujer del César no sólo ha de ser honrada sino parecerlo.

¡¡¡FELIZ MARTES!!


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