jueves, 23 de mayo de 2013

El deporte de competición no es un hobby

He leído con tristeza y estupor la noticia de Jesús Carballo. El seleccionador nacional femenino de gimnasia artística durante más de 30 años, ha sido acusado de abusos sexuales por una de sus ex pupilas en los años 70 y 80. Por lo visto, los presuntos abusos se produjeron en esa época. Carballo, además de por su reconocida trayectoria profesional, en mi casa es conocido porque fue compañero de mi padre en la mili y compañero en la residencia Joaquín Blume, en los años en los que mi padre estudiaba INEF. Y siempre a mi padre le he oído hablar bien de Jesús. Es más, ayer cuando leyó la noticia categóricamente aseguró que era mentira. Casualidades del destino, una de mis primeras entrevistas como periodista se la hice a su hijo, Jesús también, tras proclamarse campeón del mundo en la modalidad de barra fija. Cosa, que por cierto, a mi padre le gustó.
Y después de todas estas historias de abuela cebolleta, ¿a dónde quiero llegar? A afirmar que creo en la inocencia de esta persona, y eso que no tengo trato con él. ¿De qué sirve ahora denunciar un supuesto delito ocurrido hace 30 años? Si hubo abusos, ¿los padres de esa niña no notaron nada? Otra cosa es que las relaciones fueran consentidas por ambas partes, cosa que ni sé ni me importa, y ahora sea una venganza de mujer despechada. Sé que esto dice muy poco de mi como mujer, pero es lo que pienso.
Esta acusación y la anterior realizada contra la seleccionadora de natación sincronizada, Anna Tarrés, me dan mucha pena. Para ser olímpica, para llegar a lo más alto, para conseguir la gloria hay que sufrir. Y, por lo general, los seleccionadores son personas duras, estrictas, exigentes a los que puedes llegar a odiar en un momento dado pero que te lo han dado todo. Y seguramente, Jesús Carballo y Anna Tarrés destrozaron la vida a esas niñas porque les privaron de su niñez. Pero fue consentido por sus padres que quisieron que sus hijas fueran las mejores. Nadie obligó a esas niñas a estar en la selección nacional, pero estuvieron. Y a nadie les importó sus métodos cuando llegaron a lo más alto. Ahora, cuando todo ha pasado, cuando ya no son nadie es el momento de los reproches y de las acusaciones... El deporte de competición no es un hobby. Si no quieres sufrir, chica apúntate a una actividad extraescolar, disfruta con lo que haces y vive la niñez.  Yo desde luego, no quiero que la Princesa sea olímpica, ni niña prodigio en nada. Quiero que sea niña. Y los padres que no piensen como yo, que luego no lloren cuando sus hijos les recriminen que no tuvieron infancia.
Sé que es muy fácil hablar desde la ignorancia. Pero mi padre fue deportista profesional y por un pelo se pierde el nacimiento de sus hijas por estar en la otra parte del mundo compitiendo, entre muchas otras cosas. Y como hija, sé de lo que hablo.

¡¡¡FELIZ JUEVES!!!

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