miércoles, 24 de abril de 2013

Una retirada a tiempo es una victoria

A partir de ciertas edades, para algunas personas es una verdadera tragedia envejecer. De ahí los "recauchutamientos" faciales que vemos, que convierten a las pasas en uvas aún en la viña. Pero no todo se puede borrar y si miras las manos de esas uvas, puedes ver cada uno de los años que han pasado por ellas, como si de los anillos de un árbol talado se tratase. ¡Qué pena!
Y en el ámbito laboral pasa lo mismo. Como la vida misma, es un ciclo en el que naces, creces, te reproduces y mueres. Pero siempre conviviendo con otros compañeros más jóvenes y más viejos de los que aprender. 
Y en ambas facetas, un reciclaje me parece perfecto. No estoy en contra de paliar un poco las arrugas, sin convertir tu rostro en el de un bebé, rejuvenecer tu vestuario obviando determinadas prendas que ya no son propias de la edad de cada uno, o aprender nuevas tecnologías que están pegando fuerte. Aplaudo a Mi Santa Madre su iniciativa de aprender informática, a los 66 años, para no ser una inculta en esta materia. 
Pero en todo, una retirada a tiempo es una victoria. A determinada edad, ya no puedes competir con la jovencitas para ver quien es la más guapa del reino, como la madrastra de Blancanieves, y no puedes imponer tus métodos en el ámbito laboral, porque la savia nueva viene pegando fuerte y es muy probable que te de mil vueltas. En este sentido, lo perfecto es saber combinar la experiencia de un maduro con la frescura de la juventud. Y sino, lo mejor es quitarse del mapa, disfrutar de un merecido descanso y dejar a las generaciones venideras, igual que ellos te dejaron a ti.

¡¡FELIZ MIÉRCOLES!!

Del tiempo ni hablo porque me tengo que cerciorar que las previsiones que anuncia la AEMET son una errata y no las verdaderas

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