martes, 15 de enero de 2013

Sala de silencio


El 4 de enero viví un hecho insólito en casa. Llegué de trabajar, no había nadie, y me puse a hacer cosas en absoluto silencio. Raro en mi que siempre pongo la radio o la tele cuando estoy sola. Necesitaba silencio. Mi cuerpo y mi mente me pedían ese rato lejos de los gritos de la Princesa,  de las conversaciones cruzadas en mesas de más de 10 comensales, del barullo de las compras, de la música en centros comerciales y supermercados, del tráfico, de los mercadillos navideños... Por fin estaba en paz. Por un momento me olvidé del mamá, mamá, mamá... ; ¿me pasas esa fuente? ¿quien tiene el agua? ¡¡feliz Navidad!!, a Belén pastores, ¿quién da la vez?, ¿ha visto el cordero lechal tan rico? ¡¡¡1.000 euros...!!! ¿cuándo vienen los Reyes?? ¿¿he sido buena??? Por un momento descubrí que en mi casa también existe el silencio antes de las 12 de la noche.
Y ahora me encuentro con que los almacenes ingleses Selfridges han recuperado un espacio, llamada la Sala del Silencio para romper con el barullo de las compras y el bombardeo de marcas y mensajes. ¡¡¡Qué gran idea!!! Yo reivindico que esa sala se instale en todas las comunidades de propietarios en la que vivan, al menos, 2 niños. Y más en épocas navideñas.

¡¡¡Feliz martes!!!

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