miércoles, 30 de enero de 2013

No era perro sino caballo



En casa somos unos fans incondicionales de la hamburguesa. Nos da lo mismo que sean caseras (el Santo las hace como nadie), prefabricadas o en cajita como llama la Princesa a las del Burger King. Evidentemente, si me dan a elegir me quedo con las del Santo, aunque a las otras no les hago ascos. A las prefabricadas las llamamos cariñosamente hamburguesas de perro y, por lo general, las compramos de pavo y pollo, huyendo de las presuntamente vacunas y de cerdo. Y mira tú por donde, ayer nos levantábamos con la noticia de que donde quise decir perro en verdad era caballo y que están hechas de aditivos, sulfitos y otras guarrerías, más que de carne fresca ¡¡¡qué cosas!!! La verdad es que no me ha extrañado mucho porque el color de las hamburguesas es, cuanto menos, sospechoso.
Y que os voy a decir, que de algo hay que morir. Soy bastante poco histérica con la alimentación de la Princesa. Come absolutamente de todo y hay veces que su menú es muy saludable y otras menos. Pero de verdad, ni me altero. Es una niña sana, sin sobrepeso y creo que bien alimentada. Y ahora no me voy a rasgar las vestiduras. Estoy convencida de que si la OCU analiza absolutamente todo lo que comemos nos moriríamos solo con saber saber los resultados. Así que seguiremos comiendo de todo.

¡¡¡Feliz miércoles!!!

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