jueves, 23 de agosto de 2012

No hay dolor

Todos los veranos por estas fechas el Santo y yo limpiamos a fondo la habitación de la Princesa .Se ha convertido en casi un ritual purificador en el que tratamos de comenzar el curso haciendo hueco para lo que va a venir (el cumple de la Princesa) y lo que vendrá (Reyes). La paliza es de garabatillo, pero una vez que acabas es muy gratificante. Y todos los años llego a las mismas conclusiones. Lo primero que se me viene a la cabeza es lo mucho que nuestros allegados quieren a la Princesa y la poca consideración que tienen con nosotros. Más que nada porque no hay miramiento a la hora de regalar: juguetes grandes, inútiles, llenos de piececitas que te cuesta un horror recoger... Todo vale. Otra de las conclusiones a las que llego es que hay que dejar de ir al Burger: ¡¡la cantidad de merchandising que tiene de la película de turno!!!. Y todo procede del mismo sitio: de la cajita de la hamburguesa. Y si reflexiono, no son tantas las veces que hemos ido, pero los juguetitos abultan como si solo nos alimentásemos de hamburguesas. Luego está el tema de los móviles. Creo que tiene más móviles que yo en toda mi vida, y no son pocos. Claro, los de ella son de juguete y los míos de verdad. Casi todos son rosas y de princesas y emiten un sonido espantoso de una china cantando que se te clava en el tímpano. Muy desagradable pero muy pegadiza la puñetera melodía. Y la oyes una vez y te pasas el día con la china en la cabeza.¿Y los peluches? Son como los mismísimo Gremlins. Se deben clonar por la noche. Tenemos todos los animales habidos y por haber: hipopótamo, ballena, perro, gato, dinosaurio.. y procedentes de muchos sitios: Escocia, Roma, Suiza, Nueva York.... Y por más que nos deshacemos de ellos, siempre se multiplican y van invadiendo el espacio.
Y cuando estás rodeada de todas estas cosas inútiles o no, caras y baratas, bonitas y feas con las que la Princesa ha jugado o no hay que decir en voz alta "no hay dolor" y entonces habilitar un saco en el que depositar un montón de juguetes con los que disfrutarán otros niños. No vale agarrarse a sentimentalismos ñoños: no hay dolor. No vale pensar en la carita de la Princesa aquella y única vez en la que jugó con ese caro juguete allá cuando tenía un año: no hay dolor. Y así con el no hay dolor por bandera pasamos la tarde de ayer. Y no os creáis que hemos acabado. Las fotos son de la última edición de "No hay dolor". Esta tarde vamos a por la segunda parte.

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