jueves, 7 de junio de 2012

¿Por qué me empeño en ser plebeya si yo nací para ser princesa?

Source: goo.gl via shelia on Pinterest

Mi empresa, entre otras medidas no menos drásticas pero absolutamente necesarias, ha eliminado la subvención del aparcamiento para los que deseábamos ir a trabajar en coche. Aprovechando la coyuntura, en un ataque de economía responsable, decidí prescindir del coche y volver a desplazarme en metro. En mi tendencia a ver todo con las gafas de ver bonito, consideré la opción no solo como una medida de ahorro sino como una oportunidad para leer, escuchar música, pensar temas para el blog... Total, son 22 paradas de metro (y un transbordo) o lo que es lo mismo, 50 minutos para mi. Busqué mi abono transportes, que por cierto parece que se lo he quitado a mi hermana pequeña porque es de mi etapa de la Universidad, me hice con un libro que me apetecía leer desde hace tiempo y me conciencié tanto los últimos días de coche que hasta la Princesa se levantó emocionada el viernes pensando que su mamá iba a ir a trabajar en metro.
Pues bien, después de 4 días de experiencia he de decir que estoy del metro hasta más arriba del moño.  Por lo que tardo (los 30 minutos de antes se han convertido en 45) debo levantar 15 minutos antes a la Princesa con lo que ello conlleva. A parte del bolso, que ya de por si pesa un quintal como buen bolso de madre, llevo la maletita del tupper (otro tema que me horripila) y entonces el acoplamiento en el asiento es complicado. Si sujeto bien el bolso y la maletita se me escurre el libro, si cojo el libro se me cae la maletita al suelo y me da mucho asco y por nada del mundo suelto el bolso... Lo de la música me he olvidado. Si no quiero escuchar como una buena señora le cuenta a su vecina el problema que tiene su prima la del pueblo (que no la de riesgo) debo poner el sonido de los cascos a un volumen que ni me gusta ni me parece adecuado, por aquello de no parecer una choni poligonera.   Encima en el metro no puedo hacer ese ritual de todas la mañanas de llamar a Mi Otro Yo para arreglar el mundo y contarnos nuestras alegrías y nuestras penas. Conclusión, que voy cuanto menos tensa, acalorada, que empiezo el día agotada y encima contrariada por no haber hecho terapia mañanera con Mi Otro Yo. Así que ayer me conciencié que por mucho que me empeñe en ser plebeya yo nací para ser princesa y así debo comportarme. ¡¡¡Qué se le va a hacer!! Al metro le daré otra oportunidad en los meses de julio y agosto pero en septiembre volveré a mi pelotilla roja con la esperanza de que no me deje tirada en la primera curva por esta traición veraniega.
¡¡Feliz jueves!! (Me voy al metro)

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