miércoles, 13 de junio de 2012

Los peques y su lengua de trapo

La Princesa ha sido una niña tardía para casi todo menos hablar y comer. Por ejemplo tenía casi 18 meses cuando se decició a andar, para preocupación de su abuela (mi suegra) que veía que llevaba las arras en la boda del Padrino en carrito de bebé. Para el pañal también fue muy petarda y para el chupete igual. Eso si, para hablar fue, y es, una niña prodigio (baja Modesto, que ahora subo yo un ratito) De las primeras palabras que dijo estaba encos o enquitos para llamar a los gusanitos. Y de ahí a empezar a decir palabras con sentido fue rápido e, incluso, creemos recordar que no andaba cuando ya decía palabras con mucha claridad. Me da penita no acordarme de la época de la lengua de trapo pero fue tan corta... A bote pronto recuerdos los acatos para llamar a los zapatos o Malali (Magally) para llamar a la chica que la cuidó desde los 4 meses. Por eso ahora, cuando no llama las cosas por su nombre me cuesta corregirla. Todavía quiero que salga la niña que lleva dentro y que se vaya el repelente niño Vicente en el que se ha convertido. Siempre sonrío cuando me dice muy digna que se va a mi bitación (por habitación) que quiere merendar un quesito de la vaca que sonríe o que le eche xuverante para que el pelo le quede suave.  Hasta hace nada iba a ver a mis suegros a Valdeoro (Valdemoro) y su abuelo le llevaba a ver un sanaotra (astronauta).
Pero ya que no me puedo quedar con la lengua de trapo me quedaré con sus razonamientos. Después de rebatirme todos mis argumentos de por qué no podíamos tener una tortuga en casa me terminó convenciendo. Tendremos una tortuga en casa y cuando nos vayamos de vacaciones nos la cuidará Babá y Teté (sus abuelos-mis padres). ¿ Y por qué he sucumbido? Porque ella no quiere una tortuga verde como la de la tienda de animales. Ella la quiere rosa y hasta que no la encontremos no compraremos otra. Bendita inocencia...

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