viernes, 29 de junio de 2012

Artilugios piscineros

La Princesa ya sabe nadar. No es que sea Esther Williams pero sé que si se cae a la piscina sabe salir. Al más puro estilo perro, pero saldría. La hazaña ha sido fruto de dos años intensos de clases de natación. Y digo intensos porque durante un año fuimos los sábados (y digo fuimos porque al principio fue a matronatación  y yo también me metía) y este curso ha ido los viernes a pre-escuela y ya se ha metido sola. Ahora bien, si no hubiera aprendido ¡¡¡qué cantidad de artilugios piscineros que ofrece el mercado!!! ¡¡¡Cómo para ahogarse!!!
Sin ir más lejos, la Princesa en su corta pero intensa vida piscinera ha tenido de tres clases. El primer año Mi Otro Yo le regaló un sofisticado flotador antivuelco que hizo que la Princesa estuviera en remojo más que los garbanzos previos a un cocido. Se trataba del flotador Swintrainer (25 €), que según reza en sus instrucciones estimula los movimientos innatos de los bebés para desenvolverse en el agua ya que les permite adaptar la postura nadatoria correcta y avanzar por sí solos. Sea como fuere a mi me resultó muy práctico y, sobre todo seguro. 


Al año siguiente empezamos a combinar el superflotador con los tradicionales manguitos (8 €):





Y el año pasado y este hemos optado por un cinturón de varios corchos (8.95 €)  que se pueden ir quitando según la destreza del niño. La Princesa solo lleva 2, pero perfectamente podía ir con uno.


Que yo recuerde solo tuve 3 flotadores. Uno tradicional, de los que tenían una cabeza, que era un dálmata; unos manguitos con una cruz roja a modo de personal sanitario y una burbuja rosa. Y como yo prácticamente todos los niños. Sin embargo, ahora no hay dos niños que vayan iguales. Hasta en esto hay modas:




Por cierto, lo que nos hemos gastado en las clases de natación ha sido el dinero mejor invertido. En definitiva le hemos conseguido un seguro de vida a la Princesa.

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