lunes, 14 de mayo de 2012

¿Es necesario tanto encorsetamiento?



Ya he comentado que uno de los grandes aciertos de visitar Amsterdan en el puente de mayo fue el de coincidir con la celebración de la fiesta nacional, Koninginnedag (El Día de la Reina) Además de pasarlo estupendamente, pude comprobar el respeto, cariño y admiración que tiene el pueblo holandés a su familia real. Era realmente enviadiable ver como muchos jóvenes vestían camisetas con la imagen de la reina, los que menos, y sobre todo con la imagen de la princesa Máxima.  Tanta admiración creo que es fruto de la labor del trabajo bien hecho, aunque tengan sus trapos sucios (que los tendrán), y a una cercanía al pueblo impensable en España. Todas las televisiones holandesas recogían la imagen de los príncipes participando activamente en bailes, carreras y hasta en una actividad insólita: el lanzamiento de retretes. El príncipe Guillermo se animó a tan curioso juego y  Máxima, por su parte, se lanzó cuesta a bajo en una barca de madera con ruedas. Desde que vi las imágenes pensé que el tema era carne de blog.
Y mira tú por donde, el viernes amanecimos, entre otras, con la noticia de que el príncipe Carlos de Inglaterra y Camilla, visitaron  la sede de la BBC y el heredero aprovechó la ocasión para ponerse en la piel de un hombre del tiempo y sorprender a los espectadores apareciendo en pantalla presentando, entre bromas, la previsión del tiempo.
Igualitas que las visitas de los príncipes de España a cualquier medio de comunicación. Del ramito de cortesía en manos de la princesa no nos apeamos. Y digo yo, ¡¡¡qué le costaría a la buena mujer sentarse en la mesa de los informativos!!! Lo mismo se le quitaba esa fama de estirada que tiene. Y digo lo de la fama porque como no la conozco personalmente no soy yo quien para juzgar. A pesar de tener vidas paralelas (somos del mismo año, las dos licenciadas en Ciencias de la Información por la UCM, nuestras familias paternas asturianas, nuestras madres se llaman Paloma, ella es princesa de España y yo de mi casa) solo he coincidido con ella en una ocasión. Fue con motivo de la Carrera de la Mujer de hace un par de años. Lejos de calzarse unas zapatillas y correr con la mujeres, al menos 300 metros, se puso una camisa y un pantalón y no bajó de la tribuna.
A muchos les parecerá una patochada y una manera de hacer el ridículo, pero mal que me pese estoy más cerca de los anticiclones, borrascas y lanzamientos de retretes de los príncipes europeos que del ramito de violetas de la princesa española.

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