viernes, 6 de abril de 2012

Este año tampoco pudo ser






Aunque me llamo Rocío, mi devoción es por la Virgen Macarena. Y es que ese iba a ser mi nombre. Pero por algún que otro motivo que ahora no viene al caso, terminé siendo Rocío. Ambos nombres son muy andaluces a pesar de ser madrileña casi por los cuatro costados. La única gota de sangre andaluza que tengo es la de mi tatarabuela, que era cordobesa, pero nada tuvo que ver. El caso es que es a la Virgen Macarena a la que siempre le pido y, la mayoría de las veces me suele escuchar.Casualidades de la vida hicieron que cuando me regalaron la medalla de la Primera Comunión el joyero se equivocara y, desde hace más de 20 años, llevo al cuello a la Macarena.
Desde 1948 una réplica de la Virgen Macarena de Sevilla, casi tan bella como la andaluza, sale a procesionar por las calles del Madrid de los Austrias. Y desde hace más de 10 años que no falto a la cita. Pero ayer, como el año pasado, no pudo ser. Todo el invierno sin llover y justo tiene que llover el Jueves Santo. Solo los valientes de las cofradías de Jesús el Pobre y del Dulce Nombre de María salieron, en un breve recorrido, para saludar a los madrileños y turistas que se agolpaban alrededor de su templo. Pude verlos un poquito y, como dice el Santo, algo nos quitamos el mono. Lo que más me gustó de anoche es que la gente lo vivió con respeto y devoción y no como una cabalgata. Ayer no escuché las críticas de lo mucho que tardaban para recorrer 100 metros o porque paraban demasiado. Algunos se piensan que es un espectáculo en lugar de una estación de penitencia. También me gustó la inmensa cola que había en la Colegiata de San Isidro para ir a ver a la Macarena. Bueno, eso me agradó menos porque me quedé sin verla. Pero, pese a que le duela a muchos, España sigue siendo religiosa. Y en lo que respecta a mi, como dice Mi Otro Yo, orgullosa de ser católica y feliz por tener fe.

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