miércoles, 21 de marzo de 2012

Colgada al teléfono



Creo que el tema que hoy me ocupa es más que conocido por todos. En las últimas semanas tengo dos llamadas sin las cuales casi no puedo vivir: una es la que recibo de Vodafone y otra es la que hago a Sanitas.
Vamos a por la primera: Pese a vivir en Madrid capital, mi casa está ubicada en lo que cariñosamente bauticé como el páramo. Más que nada porque a 800 metros de mi edificio no hay nada o casi nada. Algún día habrá casas, centros de salud e, incluso hablan de las mismísimas Vegas. Pero hoy por hoy no hay nada. Tiene sus pros, una zona muy tranquila, y sus contras, hay servicios que aún no llegan. Y uno de ellos es el de la telefonía. Solo Telefónica llega a esta parte del páramo y creo en en Vodafone aún no se han enterado. Todas o casi todas las tardes me llama un amable teleoperador (cada día es uno nuevo o eso creo) intentándome colar la telefonía fija de esta compañía. Y la conversación siempre es la misma: "Mire que me extraña. Vamos a comprobarlo. ¿Vive en Madrid capital? ¿Me puede indicar la calle? ¿Y su número fijo?" Ah, pues si. No dispone del 100% de la cobertura"... Y mira que he dicho una y mil veces que lo anoten, que me quiten de la lista, que me olviden... Pero nada, que no hay forma. La verdad es que me da pena. Se ve que van a comisión y tienen que vender pase lo que pase y la cosa está difícil.
La segunda la hago yo. En enero me cambié de póliza de Sanitas y los muy listos me cobraron las dos. Nada más darme cuenta, llamo a atención al cliente y una amable señorita, cuyo nombre no quiero o puedo acordarme, me verifica lo que ya sabía y me comenta que hasta el 14 de febrero, más o menos, no se me reembolsará el importe. El 15 de febrero no hay rastro de la devolución y vuelvo a llamar. Otra señorita llamada Mercedes, pero de cuyo apellido no quiero o puedo acordarme, me asegura que la primera no me ha podido decir eso porque Sanitas devuelve sus extornos (parte de prima que el asegurador devuelve al asegurado a consecuencia de alguna modificación en las condiciones de la póliza contratada) a los dos meses del cargo y solo el día 10 o el 20. Aunque la sangre hierve en mi interior, recuerdo mis tiempos de teleoperadora y con la mejor de mis sonrisas le traslado mi malestar no con ella sino con la compañía, pese a que la primera señorita me informó mal, por el morro de quedarse con mi dinero durante dos meses. No es una fortuna, son 86 euros, pero son míos. Pasa el 10 de marzo y sin noticias de mi dinero. Ayer 20 de marzo tampoco y llamo de nuevo. Me atiende Carmen Santos, esta vez me he quedado con su nombre, y me comunica que efectivamente se me debe un dinero, que el 10 no se ha hecho la transferencia, cosa de la que ya me había dado cuenta, y que el 20 tampoco porque los extornos se devuelven los días 10 o 24 y que me asegura que para el 24 tampoco está dada la orden. Vamos, que ni está ni se le espera. Respiro hondo, cuento hasta 3  y me dispongo a pedir una explicación. Primero por la variación del 20 al 24 y después por la demora del pago. Y atención con la explicación: que no han pasado los dos meses desde el cargo. Y ahí mi paciencia se ha ido a dar una vuelta y la niña del exorcista a mi lado era muy dulce. ¿¿¿¿CÓMO??? Pues porque para la amable señorita del 2 de enero al 20 de marzo no han pasado 2 meses. Febrero, primer mes y marzo segundo mes por lo que hasta el 10 o 24 de abril no me devolverán mis 86 euros.  Ahora estoy en la duda si mandar una reclamación a Sanitas por su cara y por la de su teleoperadora por hacerme comulgar con ruedas de molino, llamar hoy para ver si me coge alguna espabilada que me lo pueda resolver o resignarme y esperar a que les salgan de los mismísimos devolverme mis 86 euros. Mi Santo dice que soy como Paco Martínez Soria en la película Don erre que erre pero coñe son mis eurillos y no pararé hasta que vuelvan a casa, aunque sea en Navidad. Bueno, Nochebuena que los extornos se devuelven los 24.

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